El fenómeno que asombró al país durante la campaña electoral de 2023 parece haber entrado en una fase de desgaste acelerado. Javier Milei, quien supo canalizar a la rebeldía juvenil, sufre hoy un marcado retroceso en los niveles de aprobación de este mismo sector.
Diversas consultoras de opinión pública coinciden en que los jóvenes de entre 18 y 29 años, antes el núcleo duro del espacio libertario, encabezan actualmente el crecimiento del rechazo general, consolidando una histórica caída del 25,1% anual en su imagen positiva dentro de esta franja etaria, un dato que encendió alarmas directas en el armado de La Libertad Avanza.
La realidad territorial en distritos de la provincia de Buenos Aires como Cañuelas refleja este cambio de humor social en las aulas, los comercios y la comunidad. El descontento quedó evidenciado en el prestigioso Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) desarrollado por la Universidad Torcuato Di Tella, el cual registró un drástico desplome del 23% en la confianza de los jóvenes, motorizado por este derrumbe interanual del 25,1% que desnudó la fragilidad de un respaldo que el oficialismo creía propio y permanente.
El principal factor de este desencanto es el severo impacto del ajuste en la vida cotidiana de las y los jóvenes trabajadores. La pérdida de poder adquisitivo, sumada a la precarización del empleo informal y el aumento desproporcionado en las tarifas del transporte público, golpea de forma directa a quienes intentan independizarse.
Las changas, los trabajos de repartidores y el empleo comercial ya no rinden lo suficiente, y el humor social se resiente en la provincia de Buenos Aires, donde el rechazo generalizado en el Gran Buenos Aires (GBA) ya provocó una contracción del 10,9% en la consideración hacia el oficialismo, empujada por la base de la pirámide juvenil que ya no llega a fin de mes.
La situación de la educación pública representa otro punto de quiebre fundamental en la relación entre el Gobierno y la juventud. El congelamiento presupuestario de las universidades nacionales y el desfinanciamiento de las escuelas técnicas generaron una masiva reacción en defensa de la educación pública que movilizó a miles de estudiantes. De hecho, los sondeos de opinión demuestran el impacto a largo plazo de estas políticas: ante el desplome del 25,1% de apoyo joven en doce meses, un 60,7% de los encuestados a nivel nacional afirma que no votaría por la reelección del mandatario, argumentando que las promesas incumplidas y el ahogo a los sectores educativos públicos quebraron el contrato electoral.
A este panorama material se suma el agotamiento del discurso de confrontación permanente que emana desde el Ejecutivo. La violencia verbal en las redes, los ataques a sectores de la cultura y la aparente desconexión con las demandas reales empiezan a ser percibidos por los jóvenes como una incapacidad de gestión. El "relato libertario" pierde efectividad a medida que el desgaste acumulado durante el último año limó el núcleo duro de apoyo, haciendo que la aprobación generalizada del gobierno perdió terreno para ubicarse en torno al 31% según los indicadores de firmas como Opina Argentina y QSocial.
El escenario político actual abre un enorme signo de pregunta sobre la sostenibilidad del proyecto oficialista de cara al futuro. Los jóvenes, que alguna vez fueron la vanguardia digital y territorial de La Libertad Avanza, demuestran con esta baja anual marcadísima.
Hoy por hoy, las encuestas de proyección muestran un escenario de extrema paridad técnica rumbo a las urnas, donde el Peronismo, que tal como anticipó NacPop analiza apostar por dos listas, lidera con un 25% de intención de voto, superando apenas por un punto a La Libertad Avanza (24%). Resta ver si la oposición local y nacional logrará interpretar este desencanto juvenil para construir una alternativa que traduzca la frustración económica actual en un nuevo proyecto colectivo.


















